‘Roma’ es el mejor regalo de Navidad

Cada vez que veo un avión en el cine, me acuerdo de los Vetusta Morla cantando los acordes de ‘Copenhague’. Gente que busca afecto aquí y allí. Gente desubicada. Gente que puede y gente que sólo quiere encontrarse. Alfonso Cuarón ama ambas cosas, así como descubrir los caminos que conjuguen vida y muerte a través del arte. Roma‘ es una píldora de realidad incómoda para curar la desmemoria, el desamor y la pérdida de uno mismo. Es una muchedumbre jaleando, pisándose, regresando al primate en un plano externo, mientras una embaraza sonríe al ver la cuna de su futuro hijo. Una realidad en dos planos diferentes, porque cada uno tiene su verdad y la cuenta como quiere. Los que viajan saben de esto. Cuarón es muy inteligente como narrador, juega con las figuras retóricas como Larra, simboliza lo íntimo como Sorolla, coloca empatía frente a la deshumanización de un revólver como un maestro costumbrista. El amor rivalizando con la ira. El ser humano definido en cinco segundos, sin palabras.

‘Roma’ no tiene nada reprochable, porque para aquel al que no le guste el blanco y negro de Cuarón, ha nacido Yalitza Aparicio, una actriz que representa el universo catártico en el que vive su personaje, Cleo, con tanta verdad que es imposible no rendirse ante ella. Pinta y colorea con frescura. Mientras la cámara busca su mirada, ella se pierde entre una sociedad en la que siguen estando de actualidad los problemas entre etnias. Y el patriarcado, representado a través de un coche demasiado ancho, los Halcones y aquel trágico Corpus Christi. Cuarón, que utiliza las salas de cine como complemento metaficcional para hablar de la evasión en el único lugar donde no se olvidan las tragedias, se empapa de Historia, rasca la superficie como un sabueso y enseguida nos muestra el tesoro escondido: un relato intimista a cielo abierto que reflexiona sobre la condición humana como André Malraux en su novela; que muestra sus contradicciones en un mismo plano-secuencia. Devastación y esperanza en un encuadre; vida y muerte juntas, metafóricas, partes de un Todo que, a veces, no somos capaces de comprender. ‘Roma’ es poesía en streaming, de una belleza abrumadora.

Roma
Roma, de Alfonso Cuarón

Cleo es la moraleja final. Sufre para encontrar su lugar, acaricia a la muerte  para encontrar la vida. Para halla su verdad y dejar de ser una desubicada que vive en una habitación apartada de la casa principal, soñando a kilómetros de distancia, viendo los aviones reflejados en el agua con la que limpia el patio. Borras, el perro de la familia, se caga siempre antes de que llegue el padre. El resto del día, todo está limpio. El hijo mayor, Toño,  lucha por la independencia del dominador, por separarse de las relaciones afectuosas para emprender su camino en solitario, como padre. Cleo se empeña en avanzar a través del amor y la comprensión, como mamá. Si hay algo que merezca la pena en ‘Roma’ es el lugar que le ofrece a la mujer y el homenaje a su figura en diferido. Netflix ha sido boicoteada por el atavismo de las exhibidoras. Es normal en términos económicos. No obstante, si el streaming ha llegado a este punto, empaquetando el mejor regalo de Navidad tanto para smartphones, portátiles, televisiones de 50″ y iPads, como para la gran pantalla, aquí te recibimos con los brazos abiertos.

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