[World Press Photo] El periodismo no está muerto

Decía el prolijo novelista Philip K. Dick en su obra Tiempo desarticulado (1959) que “tenemos un montón de goteras en nuestra realidad”. Quizá haya sido el mínimo común denominador de la humanidad a lo largo de la Historia; la costumbre irracional de pensar que, bueno, si el conflicto es ajeno a nuestra rueda de la vida, es una barbaridad pero estamos tranquilos. Observamos y decidimos, quizá por conformismo o incapacidad, no involucrarnos. En ningún caso y desde ninguna óptica, ya sea una guerra entre actores internacionales de Oriente Próximo o un enfrentamiento entre vecinos del mismo bloque. Nada nos parece más real que despertarnos un domingo, encender el televisor y arroparnos al calor de una manta suave. Porque la realidad, como la vida y la verdad, es dura. No obstante, existe una postura aún más cruda: la indiferencia. Afortunadamente, y aunque de un tiempo a esta parte se ha querido defenestrar incluso desde dentro, el gremio periodístico sigue regalándonos aristas de realidad con las que componer el retrato de una sociedad universal definitivamente rota.

Foto: Warren Richardson
Foto: Warren Richardson

Ahora recuerdo a esos cinco niños de la tribu Munduruku disfrutando de su realidad en la ribera brasileña, saltando al río Tapajós en mitad de la Amazonía, mientras sus terratenientes buscan una forma de echarles para siempre. O los encendidos ojos de Lamon Reccord frente a un sargento de la policía de Chicago, mientras se manifiesta contra la violencia racial. O la inocencia de Adam Abdel, un niño de 7 años que aún sigue esperando un botiquín, una mano que le ayude a superar las quemaduras de un mortero que impactó contra el colegio, mientras él aprendía a dibujar. O la rutina de los ciudadanos de la provincia de Shanxi, China, que inhalan cada día millones de motas de carbono, expulsadas por las fábricas no reguladas de la región. En cualquier caso, estamos fallando. Al completo, sin fronteras.

Foto: John J. Kim
Foto: John J. Kim
Foto: Adriane Ohanesian
Foto: Adriane Ohanesian

Asistimos a la proyección de una imagen estremecedora, captada por la cámara del australiano Warren Richardson: en la división territorial ya vallada entre Serbia y Hungría, un hombre logra superarla sin ser visto. A continuación, un compañero de viaje le entrega a su pequeño retoño por debajo de la misma, rozando el alambre de espino. Observamos el drama, la esperanza y el desastroso futuro en la misma fotografía, sin mover un dedo. Y hablo de la sociedad como ente conjunto. Avanzamos hasta la siguiente realidad, colgada en una pequeña sala del Colegio de Arquitectos de Madrid, donde se presentan las instantáneas ganadoras del World Press Photo, en distintas categorías. Llevamos a cabo la misma liturgia. Muros, opresión. Damos gracias a Christian Ziegler por drenar tanto dolor, y por no hacernos sentir un poco más culpables; su reportaje sobre el comportamiento de los camaleones es a nosotros como la savia nueva a los árboles donde los anfibios trepan.

Foto: Kevin Frayer
Foto: Kevin Frayer
Foto: Christian Ziegler
Foto: Christian Ziegler

No obstante y casi sin dar merecida cuenta de ello, vuelven a desafiarnos; primero Nancy Borowick con la historia de sus padres, ambos enfermos de cáncer, pero unidos hasta el final; después, el magnífico reportaje de Mary F. Calvert sobre numerosas veteranas de la Armada estadounidense, muchas de ellas abocadas al olvido, el alcohol o las drogas. ¿La culpa? Pregúntenle a sus ahora ex-compañeros, en otro tiempo violadores, abusadores y denigrantes. Poco a poco entendemos la dinámica del mundo, rompemos el vórtice de trabajo-consumismo en el que estamos atrapados, pero donde también somos felices. Hace unas semanas leí en El País que la población española descenderá, allá por 2060, en más de cinco millones de personas. Dato que indica la baja natalidad de nuestro país, el devenir de una sociedad cada vez más individualista y solitaria.

Foto: Nancy Borowick
Foto: Nancy Borowick
Foto: Mary F. Calvert
Foto: Mary F. Calvert

Estamos de acuerdo en lo siguiente: el contexto económico, político y social en el que nacemos no contempla que tengamos la obligación de compararnos con otras naciones. Pero ahí está el error: sin empatizar con lo verdaderamente importante, estamos perdidos. World Press Photo es una suerte de movimiento que abraza numerosos subtextos dentro de la actualidad (deportes, naturaleza o vitalidad), siendo su mejor característica la de agitar y golpear nuestros prejuicios a través de seres humanos. Sin etiquetas, ni trampa, ni cartón. Simplemente seres humanos que ayudan a otros, vejados, en otro plano (más real) de la realidad. Ambos componiendo un fresco sobre la cooperación más sincera y desprovista de intenciones lucrativas. ¿Vivimos al margen de absolutamente todo? Sin duda, pero ¿quién nos enseñó a mirar sin ver nada? ¿La costumbre? A eso no se le llama costumbre, sino melasudismo. Y contra ello luchan los periodistas.

Foto: Sergey Ponomarev
Foto: Sergey Ponomarev
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