Mountains May Depart

Presentada como una fantástica metáfora vital, Mountains May Depart simplifica los dilemas interpersonales en un melodrama intenso, sumido en la sobriedad de las palabras y en lo exacerbado de su premisa. Jia Zhang Ke narra con suavidad, incluso llegando a ser fatigoso en algunos tramos de la película, sin embargo, ésta tiene los suficientes elementos como para resultar reveladora, como un prisma de luz donde se refleja el blanco e, inmediatamente, escapa toda una gama de colores. Se trata de una obra incómoda, transparente como la vida misma, que arrasa con la paciencia del espectador hasta llegar a esa empática brizna que separa al amor del odio.

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Una pequeña muestra de los intereses humanos, de las vicisitudes internas que se solapan con un entorno en el que la protagonista se mueve como quien sale a la calle con la sensación de haber pecado de veraniego en pleno invierno. Y esa percepción está expresada de forma excepcional, tanto que el espectador se contagia rápidamente del tedio en el que parece vivir Tao. Zhang Ke, un ambicioso cineasta que plasma el rumbo de sus personajes inclinándose hacia la sencillez narrativa y la austeridad técnica, propone un relato con múltiples bifurcaciones, un cuadro de costumbres al que le cuesta captar audiencia pero que, cuando rinde a pleno rendimiento, no encuentra obstáculo para la emoción y, sobre todo, la profundidad de su mensaje. No obstante, Mountains May Depart no deja espacio para la sutilezas, sino que prefiere seducir desde lo que se ve, desde lo que se siente al pasear por una cinta avasalladora. Las lecturas político-económicas quedan relegadas al segundo plano de una historia que tiene al capitalismo como telón de fondo, mostrándose compleja con el público y respetuosa con las nuevas generaciones chinas. Y lo hace así por la forma con la que el cineasta plasma los conflictos del paso del tiempo, del cambio social. Un torrente de buenas ideas que resulta de la brecha generacional. Con la ambición como máxima y la alternancia de formatos como vehículo narrativo, Zhang Ke elabora un reflejo de las etapas vitales alejado del convencionalismo, pero entregado al maniqueísmo de una imagen final desoladora. No es capaz de mirar a los ojos de la injusticia social y declarar una guerra artística a la altura de su talento como narrador desenfrenado, aunque el diagnóstico no queda huérfano de significado.

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De la mano de una enigmática Tao Zhao, Mountains May Depart es la mirada nostálgica de quien pasa la vida mirando en derredor, buscando un resquicio por el que escapar de un sistema asemejado al pozo sin fondo donde se acumulan los sueños y el tiempo. Una película conceptual, rítmica, que al gran público le costará digerir pero cuya escala de grises está en perfecta sintonía con la obra de un maestro sin complejos, dispuesto a todo para reformar la imagen del Gran Gigante Asiático  en todas sus épocas.

Sean felices.

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