A Bigger Splash

El cine italiano tampoco se libra del remake, y aunque A Bigger Splash está basada en la historia de Alain Page sobre La Piscine (Jacques Deray, 1969), no cambia demasiado el análisis que, esta vez, David Kajganich y Luca Guadagnino realizan sobre el poder del deseo, la desconfianza, el amor perdido y la cultura universal del “disparo, luego pregunto”. La película se cocina paulatinamente, enfocada en no resquebrajarse por miedo al fallo. Los flashbacks con los que trata de construir la credibilidad de la historia queda impostados sin cuidado, rompiendo el pausado ritmo de la intriga y ayudando a que el espectador se desentienda del objetivo principal; el debate moral.

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Al modo que Herman Koch construye Casa de Verano con Piscina (2012), como crítica a la burguesía, al cinismo de las relaciones sociales, a la conducta políticamente correcta, a la predisposición sobre el qué-diran y el autoengaño en las relaciones paterno-filiales, Page lo hace pero añadiendo el ingrediente sobre el que, en 1969, Jean-Claude Carrière reflexionó y plasmó en la realización de Deray. Las intrigas campestres de un pueblecito cerca de St. Tropez amenizan un viaje por parte de la orilla mediterránea, por los mecanismos del amor -a todos los efectos- y alrededor de lo que esconden las dobles intenciones y la sutileza del saber mentir. La fotografía toscana de Yorick Le Saux transmite una sensación de desapego para con el suspense, de servir al debate lineal, de enrarecer, aún más, una atmósfera donde lo impredecible y Ralph Fiennes brillan más que el reflejo del sol en las joyas de la alta burguesía. Page diversifica las historias de los personajes, formando un tejido en el que la trama toma las riendas del ritmo, los planos se suceden con habilidad -aunque poco dinamismo- y la frivolidad del amor arrasa con cualquier objeto conmovedor. No se trata de evacuar al espectador con la sensiblería de las historias donde la ex-pareja juega sus cartas con frialdad, sino de elaborar una radiografía del patrón de conducta que carcome la sociedad desde hace décadas. A Bigger Splash no profundiza con vehemencia sobre los distintos géneros a los que se acerca, se sirve de ellos para ser extraña y magnética, pero no logra ser controvertida. El clásico caos de celos, miradas acusadoras y condescendencia humanística se traga el intento de Guadagnino por sorprender a un público que disfrutara del ambiente que genera un caradura con corazón.

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El exceso con el que Fiennes ejecuta la mezcla entre locura y demencia, y la sutileza en los movimientos de Dakota Johnson por la set piece es de lo mejor que el espectador va a encontrar en A Bigger Splash. Sorprende cómo Guadagnino coloca cada personaje en el eje perfecto, cómo teje el drama poco a poco, cómo siembra la desconfianza en cada mirada de Matthias Schoenaerts o en cada gesto de Tilda Swinton, cómo cambia las perspectivas según tire de un hilo u otro. Es magnífico el trabajo del cineasta italiano con dos intérpretes de clase A y otros dos subiendo escalones de dos en dos en busca de la máxima calificación.

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La razón del yerro de la película de Guadagnino está en la falta de fluidez con la que realiza el trayecto. Da la sensación de no haber querido entrar mas que de puntillas en las vicisitudes del ser humano, aunque lo viva con frenesí. A Bigger Splash es una obra a la que, con el tiempo, se mirará con mejores ojos.

Sean felices.

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