Kung Fu Panda 3

Kung Fu Panda 3 no renuncia al ritual que DreamWorks llevó a cabo en sus precuelas, ni en ritmo, ni en fondo, mas sí es efectiva cuando, por difícil que parezca, el espectador se encuentra con un ejercicio en 3-D por el que merece la pena pagar la entrada. El divertimento para los padres, mientras los hijos disfrutan de las acrobacias del panda animado más famoso de la última década, sigue existiendo y también lo hacen el humor y la ternura, la acción y el calado mensaje para no perder la comba de lo que demanda el público. Aunque no tiene nada que sorprenda, la dirección de Jennifer Yuh y Alessandro Carloni rompe los tramos menos agradecidos de Kung Fu Panda 3.

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Siendo bastante simplista el guión de Jonathan Aibel y Glenn Berger, el espectáculo visual que ofrecen los directores, en perfecta armonía con la BSO de John Powell y Hans Zimmer, se sobrepone a la repetición de fórmulas con las que la película pretende establecer un vínculo para el entretenimiento de todos los públicos. El ritmo se encomienda al estilo asiático, a la estructura en la que, cuando las luchas en clave de humor y la perseverancia traducida en el personaje se apagan, aparece un rumor letárgico preocupante. Kung Fu Panda 3 solventa con suficiente maestría la eterna sensación de estar viendo lo mismo por tercera vez -la importancia de superar los miedos y las críticas externas-, con cierta ligereza a la hora de relatar lo que mueve a Po, y se acerca con sumo cuidado a la previsibilidad de los planos -la trama no ofrece resistencia. Que la animación sea una delicia para los ojos de todo espectador -experimentado o no- no le quita peso a la pretensión por recaudar -esta vez no es tan clamorosa como lo va a ser en Cars 3. El filme es sobrio, con una política paritaria entre la diversión y la seriedad que se palpa en cada espacio donde Yuh y Carloni dejan tiempo para la reflexión, donde la sensiblería no es sometida al exceso, donde la distribución de los 95′ en la importancia de cada personaje juega un papel fundamental para que la película no acabe siendo una aburrida ejecución, y no confirme que todo el escándalo visual de colores, muecas y movimientos remite a la obligación por terminar la saga con procedimientos rutinarios. Los engranajes de Kung Fu Panda han terminado con la grasa justa para que ésta tercera entrega no se atragante en el mecanismo de DreamWorks.

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El dinamismo le debe muchísimo -en largos tramos de la película, todo- al doblaje de los Jack Black, Angelina Jolie, Bryan Cranston, Lucy Liu, Dustin Hoffman, J.K. Simmons, Kate Hudson o Seth Rogen, al carisma que le aporta las suficientes credibilidad y consistencia como para tomarla en serio. Kung Fu Panda 3 aguanta el tipo, sabe cómo entretener sin resultar repetitiva y confirma que, aun con evidentes referencias y una pobre evolución en la trama, las terceras y últimas partes pueden cerrar un ciclo con elegancia narrativa y sofisticación técnica.

Sean felices.

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