13 Minutos Para Matar A Hitler

Sin duda, Oliver Hirschbiegel ha sabido encuadrar técnicamente el drama de Georg Elser, sin embargo, su aroma a telefilme convencional le impide ser más grande, de hecho, la elección narrativa del director le impide aportar algo más a una historia verdaderamente importante. El dogma del género antes ejecutado en Valkyrie (Bryan Singer, 2008) o Zwartboek (Paul Verhoeven, 2006) se hace protagonista en una trama donde el reparto resulta sorprendentemente inverosímil. 13 Minutos Para Matar A Hitler se queda a las puertas de sus mejores momentos.

13 minutes

El error de 13 Minutos vive en el guión, de principio a fin. Una estructura que no da pie al giro argumental, que no explora otras franjas en una historia (fascinante, dicho sea de paso) que necesita de verdadero suspense para resultar trascendente. Hirschbiegel se estanca mientras muestra el único mensaje que pretende dejar en la palestra; el nazismo también fue desolador para los alemanes. Aunque el espectador conozca los acontecimientos y sea consciente de lo que significó una de las dictaduras más cruentas de la historia, el cine deber hacer un ejercicio de retrospección renovado, no sólo en técnica, sino también en el ámbito narrativo. Lo intrascendente de 13 Minutos, aunque no de forma crítica, se centra en la continua muestra del cómo y no del por qué, del cuánto y a qué precio, ni tampoco desde perspectivas contrarias a la constituida como “protagonista”; un nuevo ejemplo del problema que posee el cine contemporáneo para mirar a los ojos a los nazis. Sorprende que el director que “humanizó” a Hitler en Der Untergang (2004) no olvide el rigor histórico, pero sí la capacidad para realizar una reflexión moral, dejándose llevar por un sentimentalismo previsible y quitándole mérito a una aptitud técnica en sintonía con una fotografía diseñada y encuadrada sin peros. Apostar por una evolución lineal no está reñido con el respeto a la historia, aunque sí lo está cuando la inverosimilitud arrasa con cualquier intento por descubrir un resquicio que no resulte repetitivo. Ni se arriesga, ni impacta, 13 Minutos dedica casi dos horas a remar por un río que el espectador navega por inercia, por un río en el que la falta de ganas le hace encallar.

ELSER Bild 73 Platz vor der Kegelbahn Foto: © Bernd Schuller | Tel: 0049-171-1934908 | www.bernd-schuller.de

El extenso protagonismo de Christian Friedel provoca una falta de importancia sobre los personajes de Katharina Schüttler y Burghart Klaußner. Un protagonismo que defiende, al igual que hace 13 Minutos con la historia, de manera correcta, algo insulso en varias fases de la película, sin determinación sobre su Georg Elser, sin drama, romanticismo, ni tampoco demasiado impacto en sus gestos. Otra sorpresa para el cine de Hirschbiegel, director que colocó Bruno Ganz y su Hitler en la historia del retrato nazi, y que ahora se ahoga con más de tres.

christian friedel elser

A 13 Minutos le falta dedicación con su propia historia, le falta ritmo y verdadero interés por traspasar los límites del género con algo más que un estilo correcto, con algo más que una narración que se limita a la comodidad de una historia bien sabida por (casi) todo espectador.

Sean felices.

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