El Viaje de Arlo

La sombra de Inside Out (Pete Docter y Ronnie Del Carmen, 2015) es alargada, pero la sombra de El Rey León (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994) es eterna. Y es que, en The Good Dinosaur, Peter Sohn trata de ser Pixar, pero se queda en el camino hacia Disney. Los recurrentes parecidos con la obra de Minkoff, el interminable nudo y la simpleza de su final, dejan claro que la producción no ha ido más allá de la buena predisposición visual y los efectos digitales. Los valores recuperados en Inside Out, vuelven a quedar bajo el yugo de una narración infantil, donde las primeras carcajadas dan paso a un intervalo de bostezos y miradas al reloj.

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The Good Dinosaur es la historia narrada por Mufasa y Simba hace 21 años, pero con mucha menos maestría y bastante más edulcorante. El horizonte que se divisa de la primera secuencia, se ve relevado por una ristra de convencionalismos de fábrica. Una solvencia técnica que para nada tiene relación con el guión; copia de cargas emocionales, vistas con anterioridad en Wall-E (Andrew Stanton, 2008) o la ya mencionada The King Lion, comandadas por las dosis de humor y la belleza visual. Pero ello no es suficiente para rellenar la historia de cómo Arlo, dinosaurio que rememora al clásico patito feo, debe sobrevivir con un niño salvaje, que bien encaja en la figura doméstica del can. Un detalle significativo, ya que Pixar se jacta de anunciar qué pasaría si no se hubieran extinguido los dinos. Y bien, para narrar el sentimentalismo y la lágrima fácil, Sohn se ayuda de una paradoja donde el miedo, la supervivencia y la madurez se despachan entre ambos protagonistas, hasta el punto de no saber quién ha evolucionado más de los dos. La animación aprueba con lo justo, pero el melodrama se desinfla por el camino de un final que no honra ninguna de las aventuras que intenta retratar. La diversión de Toy Story (John Lasseter, 1995) o Monstruos S.A. (Pete Docter y Lee Unkrich, 2001), que el espectador busca en una obra de aventuras y evasión, se ve reducida a lo aburrido y monótono, un filme de momentos apartados de la esfera global, donde sí se atisban algunos de los valores que Pixar intenta transmitir a niños y adultos; superación, integración y amor. Tras décadas de historia, se demanda algo más que técnica y efectos visuales, sobre todo a una pieza que pretende alcanzar un target tan elevado como complicado. Y al rango más alto, The Good Dinosaur no consigue llegar.

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Esta vez, el estudio de animación cinematográfica por excelencia, no ha pasado del público joven, al que consigue embaucar con la empatía que generan personajes con los que pueden sentirse identificados, por edad, pensamiento y acción. The Good Dinosaur quedará como la anécdota de Pixar, en el año en que nos regaló una píldora de felicidad, llamada Inside Out.

Sean felices.

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