The Affair

La serie de Showtime, creada por Sarah Treem y Hagai Levi, regresa a la pequeña pantalla tras una primera temporada convincente. Una trama por y para sus personajes, sombría, coordinada con un equilibrio que ensalza la contradicción en sus perspectivas. Narrativamente es sutil, introspectiva, retuerce a sus personajes en un entorno que invita a la repetición continua de cada capítulo. The Affair se antoja como uno de los mejores ejercicios dramáticos de los últimos años, gracias a los pilares donde sustenta su ambición y donde guarda la profundidad de personajes con un arco narrativo desarrollado con maestría y sátira. Tras triunfar en los Globos de Oro 2014 (mejor serie dramática de TV y mejor actriz; Ruth Wilson), las preocupaciones internas y los debates ético-morales de Noah (Dominic West), Allison (Ruth Wilson), Helen (Maura Tierney) y Cole (Joshua Jackson), surgen flemáticos, en un nuevo amago del suspense noir que les hizo brillar en la primera temporada.

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Los tratamiento y desarrollo de una trama aparentemente romántica, pero que esconde innumerables relatos íntimos de múltiples aristas, demuestran lo que significa gozar de un presupuesto y un calendario considerables. Aún con ello, después de servirse del cliché con el que excusar una segunda temporada (difícil que haya otra sin la neblina desconocida entorno al personaje principal), el avance podría quedar enclaustrado en su propia estructura, dividida en dos percepciones contrarias sobre la misma historia. El peso llevado por West y Wilson en la primera temporada, ha sido traspasado a los monólogos interiores y los comportamientos de los personajes interpretados por Jackson y Tierney, añadiendo más leña a un árbol que parece estar en el proceso otoñal. El miedo a contar lo mismo, a pesar de sugerir una evolución en la trama, plasmada desde los ojos del romance feliz y sin fisuras, nos hace preguntarnos hasta qué nivel van a llegar los abrumadores intentos por convencer al espectador de que lo realmente bueno son la atmósfera y las actuaciones de cuatro (sin incluir las aportaciones del resto del elenco) intérpretes que, realmente, se adaptan de forma brillante a los perfiles atormentados de sus personajes. El detonante empleado para concluir la primera temporada se diluye, se aparta ante la meticulosidad de una trama repleta de matices y contradicciones fabricados entorno a los valores implícitos de cada diálogo.

Dejando a un lado las capacidades técnicas, The Affair consigue funcionar desde cualquiera de sus enfoques íntimos; el debate interno, más propio de la literatura novelística, el desarrollo moral de su trama principal, la participación certera de las conciencias que rodean a los protagonistas o el tópico empleado para añadir intriga a la narración. Sin entrar en la nómina de Fiona Apple (compositora), la elección musical adentra al espectador en el espacio/tiempo de cada decisión o senda (más o menos tortuosa, moralmente hablando) tomada por el respectivo personaje, aclimatando el siguiente paso. Cautivadora, explora los diferentes puntos de vista del romanticismo contemporáneo, perfila una personalidad cocinada a fuego lento, aunque sin olvidar el abismo generado por la letanía ya mostrada.

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Aunque en la introspección sea adictiva y, en líneas generales, esté bien construida, comete un error grave en su ensayo por parecer algo a lo que, ni siquiera, se va a acercar. ¿Un romance donde el entorno de la figura femenina está sumido en la corrupción (aparente), el engaño propio y los fardos de droga? Innecesario e inexplicable, ya no sólo por su falta de importancia (real) en la trama (o MacGuffin), sino porque pende de un hilo y carece de valor, se deshace irremediablemente. Cierto es que la necesidad de dinamismo en una serie lenta, porque The Affair avanza de forma harto paulatina, podría servir como apoyo al empleo de subtramas sin sentido, pero de ahí a teñir el clima de oscuridad para añadir trabas a la historia, juega un papel ciertamente inexpresivo.

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Necesario romper una lanza en favor de los protagonistas y el desarrollo de sus personajes. Es extraordinaria la capacidad de West y Wilson para enamorar, en su continua lucha contra su entorno, y contra sí mismos, y divagar, física y psicológicamente, sobre su mantra; el amor es efímero y la libertad personal, eterna. Ambos secundados por Jackson y Tierney, quienes aportan el grado de ignorancia que tiene lugar cuando la confianza es ciega. Arquetipos marcados en un proceso que bien podría ser verídico, sin embargo, y en cuanto a la evolución personal se refiere, el miedo anteriormente enunciado desaparece. El capricho, la indecisión y la premisa del farol engañoso, reavivan el suspense y la atracción sobre lo que ataña al verdadero sentido de cada pilar del cuarteto. Una jugada estratégica de alto nivel, que convierte al relato en algo más profundo e, incluso, brillante, dotando a sus personajes de unas infelicidad e imperfección tremendamente reales.

Dominic West as Noah and Ruth Wilson as Alison in The Affair (season 2, episode 1). - Photo: Mark Schafer/SHOWTIME - Photo ID: TheAffair_201_0434

The Affair puede caer en el error de suprimir la pasión vislumbrada en la primera temporada y, de esta forma, unirse al relato monótono de las relaciones interpersonales y las trabas engañosas. Por el momento, ha conseguido tomar la dirección correcta, otorgándole coherencia al destino de cada personaje y haciendo crecer a un guión ambicioso y resolutivo. Una de las grandes apuestas para el próximo año.

Sean felices.

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