PAN

No siendo pocas las diferentes perspectivas desde las que se ha adaptado Peter Pan a la gran pantalla, Joe Wright fabrica una cinta actualizada, en forma de precuela, con un contenido estridente e ilegítimo a la maravillosa fábula rubricada por James Matthew Barrie. Un ejercicio poco acogedor, preparado para el público joven, sin atmósfera y con una cromática demasiado pronunciada, exacerbando, aún más, la figura de personajes harto sobreactuados. Wright trata de reavivar la llama peterpanesca con un juego de aventuras en el que la coherencia narrativa está supeditada a la acción desmedida y la continua (des)conexión con el mundo descubierto en la obra homónima.  Personajes estresantes y poco desarrollados, comandados por un Hugh Jackman que, a pesar de su esfuerzo por no parecer arrollador, termina pasando por encima de sí mismo. Una aventura infantil densa, monótona y que no hace honor a la imagen del original.

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Aunque desarrollada de forma hábil, PAN no consigue transmitir más que la imperante sensación de una desorientación sonora en un espacio visual corto de miras. La verbalización de cada diálogo muestra el evidente desarraigo de Wright para con la historia ulterior, dotando a las personajes con una fuerza demasiado abrumadora para considerarse el antecedente de lo que el espectador ya ha vislumbrado. Vasto diseño de producción, desprovisto de la magia fantástica necesaria, del rigor adecuado que hubiese evitado la grandilocuencia con la que es narrada. La acción y el riesgo van pegados a una coreografía a la que, irremediablemente, se le aprecian las costuras. Diálogos vacuos, en el que lo cómico toma forma desde el contenido más banal posible, recordando al espectador de forma repetitiva que, a pesar de su arco visual y la aceleración escenográfica que sufre durante todo el metraje, está frente a un producto infantil que, únicamente, busca impactar en las retinas de sus jóvenes seguidores. E impactar, impacta. La musicalidad de PAN no encuentra lugar, vaga de canción en canción, obligada a pasar por la voz de personajes planos y recalcitrantes. Una reorganización de guión que no funciona desde ninguna perspectiva; ni la clásica, ni el intento de mestizaje con lo contemporáneo. Actualización poco convincente. El dinamismo se reserva para el último acto, mientras que en los dos primeros, Wright se obstina en refrescar con puestas en escena sin pretensiones refutables. Resulta exagerado en algunos trazos y eternamente pausado en otros, generando una dicotomía con vistas hacia el 3D. Sin embargo, Wright acierta enfocando, hacia el surrealismo, una situación enmarcada en el Smells Like Teen Spirit de Nirvana, y que bien podría haber formulado con clichés y perspectivas caducas. A pesar de su inexplicable desarrollo y la neblina a saga que emana de su consecución, PAN consigue funcionar sin perder el ritmo y con un brillo atemporal puro. Aventura con ciertas dosis de animación pomposa.

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La ponderación de las interpretaciones está en consonancia con la cinta. Una ristra de situaciones y comportamientos inconcebibles cercanos a lo onírico dentro de un mundo onírico por naturaleza. Carente de equilibrio entre lo majestuoso y la mala ejecución, Hugh Jackman es la única pieza por la que el ritmo se altera durante la cinta. Encarnando a Barbanegra, el intérprete se adapta grandiosamente al papel, impregnándose del clima sórdido al que le arrastra el guión. Levi Miller (Peter), Garrett Hedlund (Hook) y Rooney Mara (Tiger Lily) se mantienen a flote, aunque no alcanzan la cota esperada, gracias al lastre que Wright prepara con la intensa realización y el frenesí incontrolado. Un elenco bien seleccionado que no consigue funcionar como un todo, aunque sí por partes.

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PAN se antoja intersección entre lo clásico y lo moderno, con una atmósfera efectista nostálgica, hundida en el llamativo sentido visual que colma de banalidad a sus personajes. Refresco incongruente, personajes planos, falta de seriedad sin balance para una pieza que naufraga bajo el hechizo de la retórica antinatural de Wright. Precuela vacua de gran presupuesto, pero ínfimo recuerdo.

Sean felices.

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