True Detective 2

El segundo asalto de True Detective no está cumpliendo el canon que, hasta el momento, esperaban sus acérrimos seguidores. La perspectiva corrupta y sin aparentes embrollos, en guión, no consigue convencer al espectador que está buscando el recalco de Matthew McConaughey o Woody Harrelson. Nueva ciudad, nueva trama y nuevos personajes, manteniendo texturas lúgubres, pero respetando el modelo policiaco sencillo.

VV y CF

Nic Pizzolatto, creador y co-guionista, ha cambiado todo lo que rodeaba a la temporada original, excepto la oscuridad por la que se ha hecho un hueco entre las grandes series del momento. La trama, los personajes, parte del equipo (ausencia de Cary Fukunaga en la dirección) y la esencia dentro de cada diálogo, han cambiado, dejando de ser la idea revolucionaria sobre las series policíacas, para ser un producto con un equilibrio entre lo revolucionario y lo tradicional, no sabemos si por falta de talento e imaginación, o por pura comercialización. He aquí nuestro primer escollo; es inevitable comparar las temporadas, pero es recomendable no hacerlo.

No se trata de una segunda temporada al uso, sino de llevar la misma idea bajo otros derroteros, otras perspectivas, artificiales y planas. Si lo comparamos con la introspectiva original, fracasa en todos sus aspectos pero, si no lo hacemos, resulta de un producto fácil y sencillo de digerir; policía corrupta, mafia incontrolable, secretos a flor de piel y relaciones psicológicamente sanguinarias. Si a este cóctel le añadimos la banda sonora (Nevermind, a cargo de Leonard Cohen), y la magnífica intro, donde trata de rememorar la idea original, nos queda una serie nueva, que no tiene por qué seguir la estela de su homóloga, aunque nos empeñemos.

Colin Farrel

Cierto es que, la tenebrosidad que nos transmite dicha intro, se esfuma según avanzan los minutos. Aunque trata de dejarnos con la miel en los labios en más de una ocasión, no logra sorprender en sus golpes finales. ¿Culpa de una dirección en demasía elemental? Puede ser. La ausencia de Fukunaga, director de la mayoría de capítulos de la temporada anterior, hace sufrir en las secuencias que más detalle requieren, salvando cada acción con planos sumamente rápidos. No asumen un riesgo en la dirección, conformistas con la narración libre de intrincados virtuosos, sin romper con el estándar de serie setentera.

El guión flota sobre las secuencias. No proporciona estigma alguno de confusión o perplejidad, terminando por ser una retransmisión típica, en la que los corruptos y los secretos desembocan en el mismo mar. Sin embargo, funciona. Más de lo mismo, sí, pero con matices que trazan líneas entre lo inconcebible y lo banal. Encajar las piezas del puzzle complejo es algo que tendremos que ver con el tiempo. Las piezas del puzzle sencillo, se han instalado, secuencia tras secuencia, en nuestra expectación. Los diálogos, al igual que los personajes que los ejecutan, son planos, claros y lacónicos, facilitando la comprensión sin demasiados objetos difusos.

Utiliza, de manera correcta, los silencios, permitiendo una mirada íntima de cada personaje, desenmascarando sus oscuros pensamientos. Sobre esta superficie, hay cantidad de detalles que nos permiten esclarecer un pasado cercano o un posible futuro, aparentemente apegado a sus decisiones. Sin flashbacks, sin flashforwards, la acción se concentra sobre una línea recta en una tela de araña limitada, pero con sus vértices en continua expansión.

Vince Vaugh

Los personajes, divagan sobre la existencia en un mundo que se figura ajeno a sus conductas presentes. Pizzolatto les hace partícipes de algo más grande, que se les escapa de las manos pero que, gracias a sus confesiones, permiten al espectador conocer y deducir el siguiente paso. Goza de un equilibrio casi perfecto entre lo obvio y lo que deja a medias tintas. Sin embargo, en numerosas ocasiones, la balanza se decanta por el lado inocente. He aquí nuestro segundo obstáculo; ¿Cómo concebir que la trama tenga limites, los personajes sean planos y que, aún así, tenga algo en sintonía con lo que intenta revelar?

Sencillamente, se trata de una temporada lo más cercana a la tradición policiaca, sin complicaciones y con ínfimos trozos de filosofía kafkiana. Intuimos que nos quieren enseñar una tarta desconocida pero, inevitablemente, nos revelan qué esconde bajo su primera capa. No obstante, no deja de ensamblar un nuevo vértice con otro, manteniendo el límite pero ensanchando su longitud. Vemos los ingredientes y conocemos su sabor, pero desconocemos su porcentaje dentro de la tarta. Buena maniobra.

Rachel McAdams

De gran ayuda las insulsas interpretaciones de actores que parecían encajar, gracias al desconcierto que genera imaginarles en tales papeles. Defraudan a cada frase proyectada. Vince Vaughn no sabe cómo encaminar la interpretación, sabiendo que tiene que plasmar los valores de un matón sin escrúpulos, pero tratando de permanecer en la sombra. Quizá le afecte el hecho de que su personaje carece de multipolaridad, es decir, desde su temprana aparición, sabemos su origen y trayectoria. Ni en conversación, ni en silencio, consigue transmitir la esencia de la serie. Plano e insistente como ningún otro. Rachel McAdams, en el papel de Ani Bezzerides, nos hace respirar con un atisbo de esperanza sobre la oscuridad que se atreva esconder, al igual que Taylor Hirstch en su papel como Paul Woodrugh. Ambos tratan de mimetizar sus pensamientos desconocidos, aunque permanecen en ese modelo volátil e irrelevante. Colin Farrell, encarnando a Ray Velcoro, sí transmite la suciedad con la que convive en su interior, una irremediable decisión que le mantienen como un lobo, siendo un cordero inofensivo. Único acierto, hasta el momento.

Taylor Hirstch

Una temporada que llega al ecuador, con tintes tradicionales sobre la base oscura en esencia, que hizo triunfar a la original. Sin comparaciones, True Detective 2 merece una oportunidad. No como una temporada de meditación y manipulación mental, sino como una serie policiaca, cercana al mundo semi-oscuro de sus protagonistas, que no atenta contra la inteligencia humana, facilitando el entendimiento de cada secuencia.

Sean felices.

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