Jurassic World

2015 se confirma como el año en el que no hace falta ejecutar un trabajo de guión y dirección brillante para romper todos los récords en taquilla. Jurassic World, la secuela del gran mundo habitado por dinosaurios, creado por Steven Spielberg, no ha sabido evolucionar más allá del evidente y previsible guión que nos hace retorcer de incredulidad en el asiento. Carece de un ritmo continuado, con flacos intentos de esbozar una sonrisa en el espectador, terminando por ser “una más”, en cuanto al cine de aventuras se refiere. Nada que ver con su homóloga, Jurassic Park, a la que trata de dedicar algún que otro guiño, transmitiendo una irremediable nostalgia a la obra de Spielberg. Detalles que clarifican, aún más, la falta de seriedad en el guión e historia fabricados por un Colin Trevorrow, que cumple, pero sin innovar.

Jurassic-World-The-Game

Partiendo de un guión notoriamente previsible, sin ritmo y que no aporta nada nuevo a la saga, pone de manifiesto la pobre elaboración en la consecución de los acontecimientos. Retorna al grandioso film de Spielberg, transcribiendo fase por fase, sin embargo, opta por dejarse en el tintero otros factores y giros argumentales. Sensación de deja vú, pero con menos talento. Quizá, el intento de fabricar un remake de ese calibre, con tonos cómicos y desinteresados, haya sido uno de los mayores errores de Trevorrow, quien ha tratado de inculcar el humor de Safety Not Guaranteed, a una pieza que debe mantener la tensión constante. La elección de los personajes se antoja calcada al del típico filme, donde el héroe salva a la chica (inteligente, pero corta de miras), a la humanidad y a sí mismo, del gran peligro sobre-humano. Diálogos repletos de obviedades que asolan toda imaginación posible, en un mundo donde la misma juega un papel tan importante como el que la ejecuta. Si nos apoyamos en los efectos especiales, la pieza adquiere medio grado más en calidad visual, pero con resultado insulso y carente de significado, más allá de la exagerada miscelánea de emociones que trata de contagiar en el espectador. De lentitud inicial, peca de demasiada rapidez e incoherencia a la hora de resolver los problemas que aparecen alrededor del peligroso Indominus Rex. Una introducción demasiado prolongada para presentarnos un mundo ya conocido, aparentemente renovado, y que provoca una falta de respiro, sin buen sabor de boca, sobre el clímax final. Desde un primer momento, la relación del héroe (Chris Pratt) con la chica inquebrantable (Bryce Dallas Howard) toma un protagonismo sorprendente,  que perdura durante todo el metraje y termina de manera evidente. Una muestra más de la pobreza del guión. Lo único verdaderamente digno de Jurassic Park, son las indomables secuencias en las que los Dinos toman el protagonismo necesario, impactando en las retinas del espectador gracias a su magnífico poder visual. Cine de aventuras típico, que no hace honor a la pieza original, y de una calidad ínfima, en cuanto al guión se refiere, salvado por su exponente visual.

indominus rex

Chris Pratt y Bryce Dallas Howard encajan de manera correcta en sus encasillados papeles, pero no consiguen aportar ningún matiz aditivo que denote mayor calidad respecto a su director. Pratt no ha conseguido alejarse de la esencia starlordiana que le caracterizó en Los Guardianes de la Galaxia. Conforma una actuación sin brillo, carente de elegancia y con ciertos tintes al futuro estancamiento interpretativo. Dallas Howard, resulta un calco de su compañero, pero con el género femenino. La interpretación no va más allá de los límites de su personaje, confirmando, así, la poca habilidad de Trevorrow para proporcionarle otros matices de mayor calidad, a los desgastados perfiles de comedia romántica. En suma, destacar la aparición de un talento como el de Omar Sy, en un papel irrisorio, poniendo de manifiesto la importancia de la taquilla, en comparación con la del buen resultado. El resto del elenco, formado por Nick Robinson, Vincent D’Onofrio o Irrfan Khan, entre otros, completan el aliño, demasiado ácido, de Jurassic World.

Chris Pratt y Bryce Dallas Howard

Como apreciamos en 50 Sombras de Grey, lo que importa es hacer caja. Un filme de aventuras, calcando en numerosos aspectos al cine de serie B, que no logra convencer al espectador nostálgico, gracias a la baja calidad de su guión. Interpretaciones aburridas y dirección perezosa, hacen de esta secuela, un agresivo e indulgente intento por maravillar, pero sin éxito alguno. Aprobado raspado.

Sean felices.

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