V3nganza

Hace unos meses, Oliver Megaton (“Colombiana” o “Transporter 3“) sacó a la luz la última entrega de la saga “Venganza“, protagonizada por el incombustible Liam Neeson. Una saga en la que la acción y la vertiginosa consecución de situaciones están repartidas a partes iguales. Tras luchar contra la mafia albanesa en Estambul (“Venganza: Conexión Estambul“), el ex-agente especial Bryan Mills se ve envuelto en un trágico suceso que le obliga a emplear sus dotes más peligrosas para salvar su vida y la de su familia.

V3nganza

Podríamos catalogarla como una más dentro del montón de acción por acción. Secuela simplona y de fácil digestión en la que nos muestran, una vez más, que con la familia no se juega. Bryan Mills (Liam Neeson), padre de familia y ex-agente especial de la CIA, debe emplearse a fondo para salvaguardar la integridad de su hija Kim (Maggie Grace) y seguir con su vida de tranquilidad y sosiego después de su retiro. Mismo argumento que en las dos precuelas, es decir, ninguna idea más allá de las ya contadas. Un filme que no sorprende, no mantiene la tensión, previsible a cada acción y que enmascara su pobre guión (Luc Besson, director de la irrisoria “Lucy“) con una consecución de planos mal montados que no permiten seguir el hilo de la historia cómodamente. El director francés no ha sabido aprovechar la trama que ya tenía más que avanzada y ha engendrado una obra que no tiene nada más que el momentáneo magnetismo de un Liam Neeson que ya no está para esos trotes. Una producción que, además de emplear gran porcentaje de su presupuesto en efectos especiales y casas de lujo en lugar de un guión más elaborado, abusa en demasía del denominado “Deus Ex Machina”. Es decir, la solución de un problema mediante la aparición divina (última fase del filme); o lo que es lo mismo, el peor enemigo de un guión. La aparición de Forest Whitaker, interpretando al agente Franck Dotzler, pone un grado de picante más a la trama pero acaba estancándose como el resto de la pieza. Demasiado surrealismo en el que ha sido el final de una trilogía marcada por el irónico suspense y la utópica supervivencia de su protagonista.

Liam Neeson

Las interpretaciones brillan por su ausencia. Liam Neeson se ha introducido tanto en el papel de matón que cada vez que aparece en la tesitura de padre de familia florecen sus carencias para complementar dos tipos de actuaciones simultáneas. Maggie Grace sin salero alguno, además de su poca decisión para afrontar un papel que, a priori, no tiene mucha dificultad interpretativa. Destacar la ya mencionada aparición de Forest Whitaker que, a pesar de su categoría, no consigue transmitir ni inteligencia ni majadería, lo que tanto se jacta de aportar Oliver Megaton a su personaje pero que por su desafortunada dirección no alcanza a superar el listón del aprobado.

Liam Neeson y Forest Whitaker

Blockbuster sin ninguna pretensión que, para ser la última parte de la saga, decepciona como ninguna otra.

Sean felices.

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